"Nunca imaginé ser capaz de engañar a mi marido. Hemos tenido más de un encuentro, donde dejo de pensar en que soy una mujer casada"

La historia del Buzón FMDOS es una pelea de sentimientos y emociones, que dejan sin respuesta a nuestra auditora.

"Nunca imaginé ser capaz de engañar a mi marido. Hemos tenido más de un encuentro, donde dejo de pensar en que soy una mujer casada"
Buzon Fmdos
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Hace años fuimos pareja. Lo nuestro fue un amor fugaz, intenso y de esos que, aunque duren poco, parecen dejar una huella que el tiempo no consigue borrar. Yo me enamoré perdidamente de él. Lo quise con una intensidad que quizás en ese momento ni siquiera sabía manejar, y sufrí muchísimo cuando nuestra relación terminó. La razón fue una infidelidad de su parte, algo que me rompió y que finalmente nos llevó a separarnos.

Con el tiempo seguí adelante. Conocí a quien hoy es mi marido, el hombre con quien construí una familia y tuve a mis hijos. Él se convirtió en mi compañero de vida, en mi hogar, en ese hombre que ha estado conmigo durante tantos años. Es un buen hombre, un excelente padre y alguien a quien quiero profundamente.

Pensé que aquella historia había quedado atrás. Pero quizás nunca terminó completamente. Pasaron muchos años sin hablarnos. Cada uno siguió su vida y aparentemente habíamos tomado caminos completamente diferentes. Sin embargo, cada vez que coincidíamos en alguna reunión de amigos, en algún lugar inesperado o simplemente nos cruzábamos por casualidad, ocurría algo que nunca pude explicar del todo.

Bastaba una mirada. A veces ni siquiera necesitábamos hablar. Había una especie de tensión, una conexión que permanecía intacta a pesar de los años. Las palabras parecían quedarse cortas y esa sensación de querer tenerlo cerca volvía a aparecer, como si el tiempo entre nosotros no hubiera existido.

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Yo intentaba ignorarlo. Me decía que era parte del pasado, que había una familia de por medio, que ambos habíamos cambiado y que no tenía sentido volver a abrir una historia que había terminado hacía tantos años. Hasta que un día volvimos a encontrarnos de verdad. Y fue como si nunca nos hubiéramos separado.

No fue necesario reconstruir una conexión porque, de alguna manera, seguía ahí. Volvieron las conversaciones, las miradas, la complicidad y esa química que siempre había existido entre nosotros. Y ahí comenzó mi conflicto.

Porque esta vez yo no era la misma mujer de aquellos años. Ahora estaba casada. Tengo un hombre a mi lado al que adoro, un hombre que jamás pensé que traicionaría. Y, sin embargo, lo hice. Esa es quizás la parte que más me cuesta reconocer de mí misma.

Nunca imaginé ser capaz de engañar a mi marido. Nunca pensé que podría cruzar ese límite. Y aunque sé perfectamente que ninguna carencia dentro de una relación justifica una infidelidad, también sería mentira decir que todo esto apareció de la nada. Hace mucho tiempo que dentro de mi matrimonio algo comenzó a apagarse.

La rutina se instaló entre nosotros. Poco a poco perdimos el fuego, la espontaneidad y esa sensación de desearnos. Yo intentaba mantener viva la relación. Lo buscaba, lo llenaba de detalles, trataba de seducirlo, de sorprenderlo y de acercarme. Pero muchas veces sentía que mis esfuerzos no tenían respuesta.

Nuestra intimidad se volvió cada vez más escasa. Había ocasiones en que pasaban meses y apenas teníamos un encuentro. Y cuando ocurría, muchas veces sentía que todo era demasiado predecible, sin novedad, sin esa pasión que alguna vez imaginé que tendríamos siempre.

También comenzaron a aparecer otras cosas que fueron apagando mi deseo. Sentía que él se había dejado estar. Muchas veces me costaba incluso conseguir que se preocupara por sí mismo, que se arreglara o que tuviera interés en sentirse atractivo. Yo necesitaba sentir que mi pareja también quería conquistarme, no solamente que me amaba.

Y eso comenzó a afectar mi propia autoestima. Durante mucho tiempo me sentí poco atractiva. Me miraba al espejo y veía todos mis defectos. Me sentía gorda, fea y poco deseada. Aunque mi marido me decía que me encontraba linda, dentro de mí había una sensación persistente de que ya no le gustaba como antes.

Entonces apareció nuevamente él. Y con él volvió una versión de mí que creía perdida. Sus palabras, sus atenciones y la forma en que me mira hicieron que volviera a sentirme mujer. Volví a sentirme linda, deseada, atractiva. Volví a sentir que alguien podía mirarme y realmente verme. Y eso fue peligrosamente poderoso para mí. Hemos tenido más de un encuentro desde entonces. Momentos en los que, por unas horas, dejo de pensar en que soy una mujer casada y simplemente me entrego a lo que siento.

Con él existe una química que no sé explicar. Hay una confianza, una libertad y una pasión que me hacen sentir viva de una manera que hacía mucho tiempo no experimentaba. Pero cuando todo termina, la realidad vuelve. Y con ella aparece la culpa.

Porque sé que mi marido no merece ser engañado. Sé que es un buen hombre. Sé que me ama, que es un buen padre y que hemos construido una vida juntos. Y justamente por eso mi contradicción es todavía más grande. No estoy intentando convertir mis decisiones en algo correcto. Sé que no lo son. Pero también necesito ser honesta conmigo misma y reconocer que hay una parte de mí que llevaba mucho tiempo sintiéndose vacía, invisible y poco deseada.

Con mi marido siempre intenté mantener viva la relación. Lo busqué, lo seduje, tuve detalles y traté de despertar nuevamente esa pasión. Pero sentía que muchas veces estaba intentando hacerlo sola.

Con mi ex, en cambio, todo parece fluir naturalmente. Existe curiosidad, deseo, espontaneidad y una disposición a salir de la rutina. Con él descubrí una faceta de mí misma que había quedado dormida durante años.Y eso me confunde aún más.

Porque no sé si estoy enamorada nuevamente de aquel hombre que alguna vez me hizo sufrir, si estoy enamorada de lo que siento cuando estoy con él o si simplemente estoy descubriendo una versión de mí que necesitaba desesperadamente volver a sentirse viva. Quizás él representa algo más que una persona. Quizás representa todo aquello que siento que perdí. La pasión. La emoción. Las miradas. El deseo. La sensación de ser elegida y admirada. Y quizás por eso me cuesta tanto cortar ese lazo.

Sé que debería poder separar una cosa de la otra. Sé que una relación de tantos años no puede compararse simplemente con momentos intensos y prohibidos. También sé que la adrenalina de lo clandestino puede hacer que todo parezca más fuerte de lo que realmente es. Pero cuando estoy con él, por un instante, no pienso en nada de eso. Solo siento y ahí está mi mayor conflicto.

Amo a mi marido, pero también hay una parte de mí que todavía siente algo muy fuerte por aquel hombre que pertenece a mi pasado. Tengo una familia, una historia y una vida construida. Pero también tengo una parte de mí que durante años estuvo apagada y que, inesperadamente, volvió a encenderse. Ahora estoy atrapada entre dos realidades. Entre el amor que construí con los años y la pasión que nunca desapareció completamente. Entre la seguridad de una vida conocida y la intensidad de algo que siempre quedó pendiente. Entre la mujer que soy y la mujer que descubrí que todavía podía ser. Y quizás lo más difícil de todo no es decidir entre dos hombres. Es decidir qué quiero hacer con la mujer que soy ahora."

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