A sus 85 años, Mario Kreutzberger, más conocido como Don Francisco, continúa siendo una de las figuras más importantes de la televisión hispana. Tras una carrera de décadas marcada por el éxito, el histórico animador se prepara para regresar a la pantalla estadounidense luego de diez años alejado de ese mercado.
En la antesala de este nuevo desafío, el comunicador concedió una entrevista en la que repasó distintos momentos de su trayectoria. Sin embargo, además de hablar de su presente profesional, también reflexionó sobre el impacto que su intensa vida laboral tuvo en su entorno más cercano.
Fue en ese contexto que Don Francisco compartió una sincera confesión sobre su matrimonio y la relación con su familia, reconociendo que el éxito en televisión también significó importantes sacrificios en su vida personal.
Don Francisco reconoce el costo que tuvo su carrera en su vida familiar
En conversación con la edición número 150 de Revista Velvet, el animador habló con total honestidad sobre los años en que combinó una exigente agenda laboral con la vida familiar.
"Había meses en que pasaba seis o siete noches arriba de un avión. He sido bígamo. Llevo 63 años casado y 63 años dedicado a las comunicaciones. En algún momento se produce un desequilibrio entre el trabajo y el hogar. No es que yo no estuviera… estaba poco", confesó.
Actualmente, Mario Kreutzberger reside en Miami junto a su esposa, Temmy Muchnick, con quien ha compartido más de seis décadas de matrimonio.

El dibujo de sus hijos que cambió su forma de vivir
Durante la conversación con revista Velvet, Don Francisco recordó un episodio que lo llevó a replantearse el tiempo que dedicaba a su familia.
Según relató, cuando sus hijos Vivi, Patricio y Francisco eran pequeños, una terapeuta les pidió que hicieran un dibujo de su familia.
El resultado lo impactó profundamente. En el centro de la hoja aparecía Temmy junto a los tres niños. Él, en cambio, figuraba como un pequeño dibujo ubicado en una esquina, casi fuera del papel.
"Fue un impacto muy grande. Me di cuenta de que tenía que cambiar", recordó.

A partir de ese momento, el histórico conductor decidió imponer una regla que mantuvo durante varios años. Cada martes, desde el mediodía, dejaba completamente de lado sus obligaciones laborales. No respondía llamadas, no aceptaba reuniones y tampoco realizaba grabaciones.
Ese tiempo estaba reservado exclusivamente para compartir con sus hijos y fortalecer el vínculo familiar que, según reconoció, había quedado en segundo plano debido a su intensa carrera televisiva.
