"A los 19 años conocí al verdadero y único amor de mi vida, a ese que idealicé. Pensé que, si no estaba con él, no podría respirar, que la vida no tenía sentido; una historia que me marcó hasta el día de hoy.
Un hombre 12 años mayor que yo me robó el corazón con una sola mirada. Jamás se me pasó por la cabeza que ese hombre tan maduro, elegante y bien perfumado podría poner sus ojos en mí, una adolescente sin experiencia, sin maquillaje y sin sobresalir como el resto de mis compañeras.
Trabajamos juntos un tiempo y, cada vez que podía, lo miraba a escondidas; con eso me conformaba a diario. Hasta que un día, por un motivo, me tuve que acercar a él. Me había puesto lentes de contacto, que en ese tiempo estaban de moda, y él me dijo: “¿Para qué se cambia el color de sus ojos, si los que tiene son hermosos?”. En ese momento me paralicé; tenía un dolor de guata y el corazón a punto de estallar.
Por casualidades de la vida, a él lo cambiaron de local y pensé que ya no lo volvería a ver. Pero encontré una oportunidad de hablar con él por teléfono y no me salían las palabras; me ganaban los nervios, sin saber qué decir. Hasta que, por esas cosas de la vida, tuve que ir a ese local donde estaba el hombre de mis sueños. Él me vio y me invitó a almorzar, pero fui incapaz de hablar, hasta que me dijo con esa voz potente que comiera, ya que tendríamos mucho tiempo para mirarnos. Ahí morí de amor; pensaba que no podía ser tan afortunada, y además en nuestra primera cita romántica.
Me dijo que era mayor para mí, pero yo le respondí que no me importaba la diferencia de edad, que solo quería estar con él. Estaba tan enamorada, a pesar de no haberlo abrazado ni besado. Fue un romance fulminante. Al mes de pololeo me fui a vivir con él; no daba crédito a mi sueño de niña de estar con un hombre alto, guapo, inteligente, protector, romántico, entre tantas cosas más.
Pero el sueño, después de un año, se volvió complejo. Siendo hijo único, no cortó el cordón con su madre posesiva, quien me hizo la vida imposible. Muchas veces tuve que guardar silencio para no generar problemas y seguir al lado del hombre que amaba con locura. Pero siguieron pasando situaciones muy difíciles que ya eran insostenibles. Un día le reclamé que quería mi espacio, una vida solo con él, no compartir mi tiempo con otra persona. Y acá viene lo más difícil, lo que partió mi corazón en mil pedazos y generó un dolor inmenso en mí: me dijo que no podía borrar a su madre y que, si tenía que elegir entre sus dos amores, a mí no me gustaría la respuesta.
Así, destrozada y llorando desconsoladamente, tomé la decisión de salir del que creí que era mi hogar, mi refugio con el hombre de mis sueños, y alejarme. Sufrí, lloré como jamás pensé que podía hacerlo; no sabía que se podía sentir tanto dolor en el alma por un amor. Caí en una depresión profunda, pero no dejamos de hablar. Siempre me pidió volver a su lado, pero me consumía el miedo y me mantuve firme en mi decisión. Le dije que lo pensaría, pero que pondría mis condiciones para volver, las cuales, con el tiempo, se fueron esfumando.
Todo mi sueño se derrumbó hasta que un día me di cuenta de que las 30 llamadas diarias que me hacía y su obsesión por controlarme se fueron desvaneciendo poco a poco. Cada vez fueron menos y la distancia me alejó aún más de él, hasta que de pronto no hablamos más. Yo cambié mi teléfono y renuncié al plan que teníamos juntos, pero, unos meses después, me enteré de que él estaba saliendo con otra persona y que me había superado. Me dolió, pero seguí pensando que era lo mejor para mí; tenía que mantenerme distante.
En todo este tiempo me lo he topado tres veces y, cada vez que lo tenía en frente, mi piel se erizaba, las mariposas comenzaban a volar en mi estómago, mi amor volvía a florecer y mis ojos me delataban.
Después de 16 años, aún espero y le pido al destino volver a encontrarlo, pero estamos en diferentes etapas de la vida y con más años en el cuerpo. Quiero decirle que, a pesar de todo, en mi corazón todavía se encuentra ese amor que tuve, tengo y tendré; que aún sigue siendo el príncipe de mis sueños y del cual me enamoré. Que aún sueño con él y que todavía extraño su voz; me gustaría volver a estar cerca de él.
Tal vez la vida me dé esa oportunidad nuevamente, y, si no, le deseo, donde esté, que sea muy feliz, que ojalá me recuerde y que en su corazoncito haya una parte de mí".
Buzón FMDOS: Envía tu historia
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