Natalia Rodríguez compartió un emotivo descargo en redes sociales, donde reconoció que tuvo un día especialmente difícil con la maternidad. Además, recordó episodios de su infancia que hoy vuelve a ver reflejados en el comportamiento de su hija.
A través de sus redes sociales, la influencer confesó que llegó a un punto de agotamiento emocional que la llevó a romper en llanto, cuestionándose incluso sus capacidades como madre.
“Hoy día colapsé, chiquillos. Colapsé con la maternidad. Me siento la peor madre del mundo”, expresó al inicio de su registro, donde también explicó que, aunque había logrado tranquilizarse, necesitaba desahogarse y compartir lo que estaba viviendo.
Según relató, todo ocurrió después de dejar a su hija en el jardín infantil. Al regresar a su casa, varias situaciones acumuladas durante el día terminaron por sobrepasarla, llevándola a cuestionarse si estaba haciendo las cosas bien.
El comportamiento de su hija le recuerda su propia infancia
Durante su desahogo, "Arenita" explicó que algunas de las conductas de su hija la hacen recordar las dificultades que experimentó cuando era niña, especialmente durante su etapa escolar.
En esa misma línea, señaló que tiene TDAH y que, aunque recibió medicación durante su niñez, no continuó con un tratamiento. Por ello, aseguró que reconoce en su hija algunas características que marcaron su propia experiencia al crecer.
“Puedo ver muchas cosas en ella”, comentó, explicando que esta situación le genera sentimientos encontrados, pues, por una parte, comprende mejor a su pequeña, pero, por otra, le preocupa cómo acompañarla durante su desarrollo.
Las dificultades que enfrenta en la crianza
Otro de los temas que abordó fue lo difícil que le resulta manejar algunas situaciones cotidianas, especialmente cuando su hija comienza a gritar o llorar al no conseguir lo que quiere.
La influencer reconoció que, en ocasiones, termina cediendo ante las peticiones de la pequeña, mientras que otras veces intenta mantener sus límites. Sin embargo, admitió que hay momentos en que pierde la paciencia y termina levantando la voz.
“Generalmente, cuando exploto, le grito también. Pero no me gusta ese tipo de madre. No quiero ser la madre que se enoja, la madre que le grita”, expresó.
Además, confesó que le avergüenza llegar a pensar en darle una palmada a su hija, aunque aseguró que nunca lo ha hecho y que se prometió no recurrir a la violencia física en su crianza.
“Yo prometí a mí misma jamás pegarle a mi hijo, jamás, porque no me gusta eso, porque hace daño. Y pensarlo me da vergüenza”, reconoció, evidenciando la culpa que siente cuando las situaciones la sobrepasan emocionalmente.
